jueves, 13 de marzo de 2008

El cofre del tesoro: Hong Kong

En histórica ceremonia cívico-militar, Hong Kong pasó a la soberanía de China. De regreso a sus raíces étnicas, culturales e históricas, la ciudad no es, sin embargo, la misma que fue arrebatada hacer 156 años, cuando era sólo un grupo de pequeñas islas semidesérticas con pocos habitantes. Hong Kong es ahora una asombrosa potencia económica con un alto índice de crecimiento a nivel mundial, con una nueva mentalidad, una filosofía y una actitud distinta forjada en la dura tarea de sobrevivir alejada de su contexto nacional y sin recursos naturales.

Mientras China endurecía el estatismo y las prácticas marxistas de planificación central e Inglaterra, la potencia colonial, elegía un gobierno socialista al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Hong Kong dio un giro, al parecer riesgoso y desesperado, hacia el libre mercado. Ofreciendo una baja tasa impositiva (15% de promedio) y liberación de importaciones, atrajo numerosos inversionistas, que impulsaron el colosal crecimiento posterior.

El regreso de Hong Kong a la soberanía de una nación con principios económicos y, sobre todo políticos no sólo diferentes sino antagónicos –el mismo régimen que acalló a sangre y fuego las protestas en la Plaza Tiananmen y difundió el terror en la revolución cultural- implica un inevitable riesgo que nos lleva a preguntar: ¿puede un bastión capitalista convivir con un sistema de orientación marxista que ha demostrado intolerancia hacia ideas distintas o divergentes?

El terror a que la anexión pueda afectar las normas y sistemas de vida de Hong Kong dio inicio a tendencias de éxodo de personas y capitales que llevaron al gobierno chino a la necesidad de ofrecer garantías de mantener el estatus de la ciudad, contenidas en un acuerdo sino-británico firmado en 1984. Este compromiso fue ratificado y ampliado oficialmente por el Presidente chino Jiang Zemin, en la ceremonia del 30 de junio, al declarar “Un país, dos sistemas”, garantizando el respeto a las libertades políticas, sociales y económica de Hong Kong por 50 años. China sólo se encargará de la defensa y la políticas exterior.

Los fuegos artificiales que encendieron el cielo de la ciudad en la ceremonia de traspaso no lograron, sin embargo, atenuar la inquietud que experimentan sus habitantes. Las interrogantes persisten: ¿cumplirá Bejing íntegramente el acuerdo sino-británico por Jiang Zemin? Aunque la credibilidad del régimen chino no es muy alta, es posible conceder a las declaraciones del presidente cierto grado de confianza, si entendemos que el acuerdo está avalado en el ejercicio de la mutua conveniencia.

Gran parte de las inversiones de Hong Kong son chinas y a su vez Hong King tiene grandes capitales en China, cuya economía ha ayudado a modernizar, ofreciendo el segundo mayor puerto exportador del mundo y un competente sistema financiero con 186 bancos, que ayudarán a expandir el comercio internacional. El apartarse de la línea de economía controlista, gracias a la iniciativa de Deng Xiaoping de conceder autonomía a las provincias, programa que salvó al país del colapso en que se encontraba, facilitará la coincidencia económica entre ambas partes. Alterar las reglas del juego afectaría la próspera economía de Hong Kong, y equivaldría a matar a la gallina de los huevos de oro perjudicando paralelamente los intereses de China.

El punto crítico se concentra en el plano político, en la dura línea dictatorial impuesta por el gobierno chino, una posición divergente con los principios de Hong Kong cuya prosperidad depende, en gran parte, del ejercicio de las libertades civiles y la libertad de prensa. La intolerancia puede amenazar la estabilidad armónica de dichas relaciones. De otro lado, si bien la interferencia política es peligrosa, no es menos cierto que el regreso de Hong Kong, el hijo liberal, pregonando y exigiendo sus derechos a la democracia y la libertad, conservando su propia moneda y un alto grado de autonomía, representa a su vez un peligro para la estabilidad política del régimen chino y puede convertirse en la palanca que forzará la puerta de la dictadura.

Las medidas aprobadas por el gobierno de Beijing dadas a conocer por el Jefe de la Policía, imponiendo restricciones a las manifestaciones y partidos políticos causando malestar en los hongkoneses, demuestran que el espectro de la Plaza Tiananmen y el terror, ocupan todavía un lugar preferente en las pesadillas de los líderes chinos.

Al alejarse el “Britannia”, concluida la ceremonia, con el príncipe Carlos y el gobernador británico Chris Patten a bordo, Inglaterra le dice adiós, derramando algunas lágrimas, a una de las últimas piezas de un imperio, dejando tras de sí, en manos de China, el fabuloso cofre del tesoro: Hong Kong un tesoro que Beijing tiene que aprender a administrar.

1 comentarios:

Unknown dijo...

Hola Pepe; Felicitaciones por los artículos, he leído cada uno de ellos, muy buenos e interesantes.

Feliz Navidad y un buen año

Un abrazo,

Juan José Vizcarra