lunes, 10 de marzo de 2008

El fantasma de la deflación

Superando el vendaval inflacionario mundial, se cierne ahora sobre el horizonte económico un nuevo peligro, el espectro de la deflación, con consecuencias económicas que pueden ser aun más severas.

Cuando en 1996, Roger Bootel alertaba en su libro “La muerte de la inflación” (que comenté favorablemente en un artículo) sobre el peligro que la economía caiga en un ciclo inflacionario, pareció en ese tiempo más una suposición lejana que una evidencia calculada. “¿Podemos imaginar – preguntaba el autor – un mundo sin inflación, con precios en las tiendas subiendo algunos años un 2 o un 1.5% pero cayendo en otros; con salarios subiendo estos porcentaje en los buenos años, pero estáticos o disminuyendo en otros? ¿Sería este un mundo imaginario? No se trata de una propuesta quimérica, es la forma como las cosas ocurrieron la mayor parte del tiempo, en los días anteriores a la Segunda Guerra Mundial”. También anunció enfáticamente “Este es el mundo que estará de regreso”. Dos años más tarde los indicadores económicos están bastante cerca de confirmar ahora su punto de vista.

Con la inflación de dos y más dígitos, buscar con prioridad la estabilidad de los precios se convirtió en una obsesión mundial. Combatida a costa de un lento crecimiento o provocando recesión, amarga pero contundente medicina, el alza de los precios comenzó a detenerse y a disminuir a lo que se supone sería una meta ideal: la inflación cero, con evidentes ventajas. Generar la caída de los intereses, posibilidad de extender las ventas y la planificación de las inversiones a largo plazo y mejorar la productividad; medidas que benefician a los consumidores. Pero la erosión de los precios, saludada con justificado entusiasmo, comienza en algunos casos a declinar bajo la barrera del cero, proyectando así una latente amenaza deflacionaria.

Empresarios, banqueros, analistas, economistas, observan con temor la posibilidad de una deflación global, con negativas consecuencias: si los precios comienzan a caer, los compradores posponen el gasto en espera de mejores oportunidades, la caída de la demanda deprime nuevamente los precios y la baja producción genera desempleo y aumenta la cartera de deudores morosos. El ciclo negativo comienza a cerrarse, en una clásica espiral con persistencia inclinación deflacionaria.

Alan Greenspan, responsable del Federal Reserve, considerado el artífice de la prosperidad norteamericana y la lucha contra la inflación, se encuentra ahora más atento al peligro provocado por la caída de los precios que a la inflación y eleva una voz de alarma por la presencia de fuertes corrientes deflacionarias en los mercados externos. A pesar del notable crecimiento económico en Estados Unidos, el porcentaje de inflación se ha mantenido en sólo 1.8.% en los últimos seis meses. El FMI vaticina a su vez que el porcentaje de inflación para las 7 potencias económicas será de 1.4%, el más bajo en los últimos 40 años. Situación que coincide exactamente con los pronósticos de Roger Bootle.

Japón, la segunda potencia económica del mundo, se encuentra al borde de experimentar un proceso deflacionario. Los precios al consumidor, propiedades y salarios han caído simultáneamente y pese a que las tasas de interés se acercan a cero, no estimula a los consumidores a gastar o utilizar el crédito; sin tomas que nos traen a la memoria la crisis de los años 30 caracterizada por una severa caída de precios, que llevaron a la bancarrota y al masivo desempleo. Una copia xerox de lo que podría ocurrir si la erosión de los precios se acentúa.

Para el Perú, que sale con dificultad del túnel inflacionario, las advertencias sobre el peligro de una espiral deflacionaria parecen lejanas. Hemos experimentado, sin embargo, el primer campanazo anunciado con cierta satisfacción, que el índice de precios al consumidor ha mostrado en setiembre un efecto negativo 0.54% y 0.33% en octubre, según el INEI.

Aunque la crisis asiática no es la causa directa de la deflación, se convierte en un complemento indeseable que agudiza el actual panorama. Los economistas aconsejan como pautas precautelatorias para superar la delación en los países expuestos a este fenómeno, bajar los intereses y los impuestos, si se hacen ambos a la vez es mejor; la idea es generar gasto e incendiar la demanda. No debemos olvidar que un activo ingrediente deflacionario es el insuficiente ofrecimiento monetario.
Los análisis piensan que si las empresas industriales siguen mejorando su productividad, aún manteniendo los mismos precios, pueden generar utilidades y escapar de la tenaza deflacionaria. Para los análisis esta suposición es fácil en a práctica. El problema es que la amenaza de la deflación está en el aire y puede caer sobre nosotros.

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