lunes, 10 de marzo de 2008

El gran viaje de Fidel Castro

El carro de la revolución cubana, aún empujado con todo el rigor por Fidel Castro y su equipo, no caminaba y más bien desandaba en el campo económico. Y el proyecto, de una sociedad diferente, próspera y justa, se iba haciendo cada vez más lejano. Al desplomarse en 1991 la Unión Soviética, con cuya ayuda sobrevivida la frágil economía de la isla, se enfrentó a una aguda crisis: una enorme caída de 34%, mucho más profunda que la de Allende en Chile.

Urgido por la catastrófica situación, Castro enfrenta el arduo dilema de variar hacia un “nuevo esquema”. En 1993, en un sorprendente viaje, despenalizó “la tenencia de moneda convertible”: el dólar; una operación controversial pero efectiva. Los dólares comenzaron a fluir en las agónicas arcas del Estado.

La ayuda enviada por los exilados cubanos a sus familiares así como las llamadas telefónicas al exterior, a lo que se añade la visita desde Miami llevando víveres, medicinas y artefactos, sobrepasa los 450 millones de dólares anuales.

La primera sorpresa para quien visita Cuba después de un largo tiempo es la afluencia del comercio, el aumento del turismo y la puesta en marcha de proyectos industriales, comerciales, telefónicos, petroleros, hoteleros, la inversión en telecomunicaciones, restaurantes y refinerías. Hay 500 empresas privadas que importan y exportan productos, la actividad petrolera aumentó 40%. Existen centros de biotecnología que fabrican productos antibacterianos, incluso vacuna para la meningitis, que comienzan a exportarse. Inversionistas de 55 países han colocado 2.100 millones de dólares en los últimos años.

Si el objetivo de la revolución, proclamada a los cuatro vientos, era crear un Estado social-marxista bajo el lema “socialismo o muerte”, culpando de todos los males a la empresa privada, drásticamente expulsada de Cuba, podemos preguntarnos: ¿Después de haber sido estas empresas incautadas, nacionalizadas, y cerradas, aun las más pequeñas, sin recibir ninguna comprensión económica, cómo es que estos empresarios han logrado eludir la severa vigilancia cubana y filtrarse nuevamente en la isla?

La respuesta puede ser aun más sorprendente: estas empresas han sido invitadas por Fidel Castro. Se les brindó no sólo licencia sino la más cordial bienvenida. Una nueva ley de inversiones atrajo a las de 600 empresarios de Europa, España, Canadá, México, Chile y otras naciones, en mejores condiciones de las que tenían cuando la libre empresa trabajaba en Cuba.

¿Cómo podríamos definir qué clase de híbrido político-económico constituye un Estado con una cúpula y una organización social-marxista, en convivencia con el sistema de economía de libre empresa? Es una pregunta difícil de responder.

Lo interesante de este análisis es constata que compartiendo en Cuba las mismas difíciles condiciones impuestas por el embargo de los Estados Unidos, la iniciativa privada ha demostrado su capacidad para crear empresas, generar ganancias, aliviar la difícil situación económica de la isla, en comparación con el sistema económico social-marxista. La libre empresa en la práctica, una victoria sobre el sistema de planeamiento central.

Y éste no es el único caso. El colosal crecimiento de la economía China con un índice de 13% por varios, el más alto a nivel global, muestra a un Estado totalitario de filiación marxista cuya economía descansa en los pilares de la libre empresa.

El viraje de Fidel Castro es positivo. El 68% de las tierras agrícolas dedicadas al cultivo de tabaco, café y cacao son ahora de propiedad individual. A más de 200.000 cubanos se les ha permitido autoemplearse. La invitación a empresas privadas ha aliviado la precaria situación del pueblo cubano y ahora la posibilidad de un futuro reingreso de Cuba al seno de las naciones democráticas.

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