jueves, 13 de marzo de 2008

Interrogantes de la perestroika

La revolución lanzada por Gorbachov, al asumir el mando el 11 de marzo de 1985, constituye el suceso más destacado en la historia del partido comunista desde su inicio en 1917. La Perestroika basada en la apertura política, el derecho a la crítica, las reformas económicas, la legislación referente al alquiler de las tierras, las elecciones democráticas, la autonomía de las repúblicas que forman la Unión Soviética, contiene conceptos que modifican los fundamentos de Marx y Lenin.

Winston Churchill definió una vez a Rusia como un secreto envuelto en un misterio, ahora gracias a la política de apertura sabemos por boca de los mismos economistas soviéticos que ocurrió en esos oscuros decenios.

Basta escuchar a Abel Aganbegyan, consejero económico de Gorbachov y uno de los propugnadores del cambio, en su libro “Perestroika 1989” explicando cómo los largos años de dogmatismo, y el periodo del culto a la personalidad (léase stalinismo) han afectado la estructura económica del estado hasta el punto de hacerse insostenible, existe afirma el autor, una continua reducción de los servicios médicos que llegan a sólo 4% en comparación con 8% y 12% en otros países, un alto porcentaje de mortalidad infantil que va en aumento y la baja calidad de los artículos productos y consumidos en Rusia generan descontento.

Para Nikolai Shmelyov, parlamentario soviético, debido a la falta de una planificación adecuada, Rusia produce más acero del que necesita y más tractores y zapatos de mala calidad que ningún otro país, pero carece de producción de alta tecnología.

Por su parte Zbigniew Brzezinski (ex consejero en asuntos de seguridad nacional en la administración de Carter) va un poco más lejos, en su último libro “El gran fracaso”, afirma que la paralización de la economía, el atraso tecnológico y el decaimiento social, es un inescapable legado de la política bajo los principios de Lenin, continuada con algunas modificaciones en la era Brezhnev, demostrando la dolorosa desproporción entre el masivo sacrificio humano y los escasos beneficios socioeconómicos logrados en la Unión Soviética, lo que el autor califica como “la agonía del comunismo”.

La tarea de Gorbachov es difícil, porque debe dejar de lado el leninismo, pero sin atreverse a decir que lo repudiará.

La Perestroika, hay que confesarlo, esta todavía entrante de proyecto, de declaración de buenos deseos, con muchas interrogantes y pocas respuestas. Como podrá hacerse realidad, llevando a la práctica sus postulados y alcances, es actualmente materia de discusión y estudio. Como reconciliar por ejemplo la democratización de la vida política y social con la retención del monopolio del poder por un partido único, es otra incógnita. Mijaíl Gorbachov repitió su tesis del partido único antes de las elecciones, pero la victoria del opositor Boris Yeltsin, abre una brecha en ese concepto marcando un paso hacia el pluralismo político, cuyo esquema no figura en el diseño inicial del proyecto.

El planteamiento que tiende a una occidentalización de la economía, está sujeta también a críticas y dudas. Cómo puede Rusia conseguir una economía balanceada y un rublo no infraccionario que sea convertible con las divisas de otros países, sin pasar primero por el doloroso periodo de un alto precio de alimentos y servicios que están actualmente a un precio inferior a sus costos, es decir subsidiados, es otro problema.

Retirado el velo del misterio, la Unión Soviética muestra los mismos problemas y necesita aplicar las mismas soluciones que muchos países del tercer mundo. No hay nada nuevo bajo el sol.
Estas son algunas de las objeciones e interrogantes acerca del lanzamiento de la Perestroika, Gorbachov ha destapado la caja de Pandora, pero también y esto hay que reconocerlo, ha abierto el camino a la esperanza, a la posibilidad para el pueblo ruso de acceder a una forma de vida democrática y a una etapa que se espera sea de pacificación a nivel mundial. ¿Podrá el líder soviético llevar a cabo exitosamente esta segunda revolución?

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