Para Meter Drucker, considerado el más importante teórico de la dirección empresarial, el capitalismo tiene los días contados. En su reciente libro “La Sociedad Postcapitalista”, vaticina que los mismas fuerzas que destruyeron al marxismo, son los que están llevando al capitalismo a la obsolescencia. Cada cien o doscientos años se produce en la historia de Occidente una súbita transformación; el autor anuncia que estamos en un periodo de cambios de tal magnitud que: “Nadie nacido en 1990 será capaz de imaginar el mundo en que crecieron sus abuelos o el mundo en que nacieron sus padres”. Aunque el capitalismo ha sido la realidad dominante en los últimos 250 años y el marxismo en los últimos 100,, ambos están siendo sustituidos, por una sociedad que será controlada por el saber. Una organización diferente ni la mano de obra serán el recurso económico básico, sino el saber.
Gran admirador de Taylor, a quien considera un precursor porque aplicó el saber al ámbito del trabajo, Meter Drucker defiende su orientación, pero el esquema de división del trabajo propuesto por el taylorismo está siendo ahora frontalmente recusado por la “reingeniería” de Michael Hammer y James Champy, que lo consideran obsoleto.
Pienso que dentro de una década o dos puede haber nuevos y sorprendentes “milagros económicos”, países pobres y atrasados del Tercer Mundo pueden convertirse en potencias económicas. ¿Será el Perú uno de ellos? Pronostica que Brasil puede sorprender al mundo, y comete luego un error al añadir: “Si tiene el valor político de seguir el ejemplo de México (su libro fue escrito poco antes de la fuerte crisis económica mexicana).
En su brillante análisis expone algunos de los recientes fenómenos políticos y económicos que pasan desapercibidos para la gran mayoría, pero cuyo impacto está sacudiendo los cimientos de la actual sociedad. Cito entre ellos el hecho que los grandes reservas de dinero son controlados ahora por las instituciones, especialmente el fondo de pensiones o de inversión, que dejan pequeña cualquier cantidad que pudiera tener el capitalista en el pasado y se convierten en las principales fuentes de capital. (Esto explicaría el vigoroso esfuerzo de las AFP por atraer nuevos socios). Y, como advierte el autor, ésta es una versión diferente del capitalismo, un capitalismo sin capitalistas, que no se adecua a ninguna teoría social conocida. Advierte que muchas de estas instituciones, por pensar en el corto plazo y que la auditoria de estas empresas permitiría a los fiduciarios (propietarios del capital) actuar como propietarios responsables.
Después de la segunda guerra mundial el Estado-nación se convirtió en le Estado-fiscal, todos han terminado creyendo que no hay límite económico a lo que se puede gravar o tomar prestado, en consecuencia no hay límite económico a lo que un gobierno puede gastar, al punto de llegar a pensar que los individuos sólo tienen derecho a lo que el gobierno gasta se convierte en el medio para que los políticos ganen votos. Los gastos del Estado han aumentado más rápido que nunca en el pasado, el gobierno no ha crecido, ha engordado”.
Otro importante proceso que el autor expone es el “globalismo”, que ha influido en el hecho que el dinero ha escapado del control de Estado-nación y se ha convertido en transnacional. El reciente esfuerzo de los bancos de Alemania y el Japón por reflotar el dólar, le darían la razón. Incluido la información, manejada celosamente por Mussolini, Hitler o Stalin, se ha vuelto también transnacional, la contaminación tampoco conoce fronteras, se ha extendido por todo el planeta.
Sostiene, mas adelante, que los efectos de la “Guerra Fría” afectaron a América Latina que, en lugar de Asia Oriental, hubiera sido sede del “milagro económico” de no ser por el dinero que se malgastó en construir enormes fuerzas armadas; habría podido añadir el autor que gran parte de estos países adoptó además un erróneo esquema socialista que alejó la inversión, “Una nación que gasta más de 2% o 2.5% de su producto bruto en tiempo de paz, no puede esperar siendo competitiva en la economía mundial mucho tiempo”.
En relación al actual y debatido tema de la desigualdad económica, Peter Druker destaca la ley del suizo-italiano Wilfredo Pareto (1915) “Cuanto más Productiva es una economía, mayor será la igualdad de la renta”. Una ley que ha sido ampliamente confirmada en los últimos decenios y la prueba más clara en el caso del Japón que, con el más igualitario. Una excelente receta para disminuir la desigualdad en la distribución de la renta, un factor que, sin embargo, no es tomado en cuenta en nuestro país, ni siquiera mencionado en las debates sobre este tema.
Volviendo sobre su tesis, el autor predice que una economía basada en el saber será bastante diferente de cualquier economía existente y que los únicos o principales productores de riqueza serán la información y el saber. Piensa que ingenieros, abogados doctores y ejecutivos, deben volver a la escuela cada cuatro años para no quedar rezagados, el puesto de trabajo será un lugar donde los adultos continuarán aprendiendo. “El saber no es algo impersonal, no reside en un libro ni en un banco de datos, el saber está encarnado en una persona. En la organización del futuro, (calcula como límite el año 2010 o 2020) no habrá subordinados sólo asociados”.
Aunque el título del libro, sugiere una visión del porvenir y la proximidad del nuevo milenio alienta la actividad de gurús, adivinos y analistas del porvenir, Peter Ducker, prudentemente, rehuye el compromiso de darle una forma más concreta a su proyecto de sociedad de futuro. Más allá de su magistral y conciso análisis del presente, el esquema de las condiciones en que el capitalismo dejará de ser un factor predominante es un concepto todavía brumoso, si tenemos en cuenta que el saber es caro y necesita cada vez más inversión y, por lo tanto, capital.
Su posición conservadora es comprensible, como veterano zorro de la dirección de empresas sabe que vaticinar el futuro es una tarea ingrata y difícil y lo reconoce: “Es aún arriesgado predecir, cómo será el mundo postcapitalista mismo”. Pero, al final se ratifica firmemente en su tesis: “Una cosa sí, es predecible: el máximo cambio será el cambio del saber”.
Gran admirador de Taylor, a quien considera un precursor porque aplicó el saber al ámbito del trabajo, Meter Drucker defiende su orientación, pero el esquema de división del trabajo propuesto por el taylorismo está siendo ahora frontalmente recusado por la “reingeniería” de Michael Hammer y James Champy, que lo consideran obsoleto.
Pienso que dentro de una década o dos puede haber nuevos y sorprendentes “milagros económicos”, países pobres y atrasados del Tercer Mundo pueden convertirse en potencias económicas. ¿Será el Perú uno de ellos? Pronostica que Brasil puede sorprender al mundo, y comete luego un error al añadir: “Si tiene el valor político de seguir el ejemplo de México (su libro fue escrito poco antes de la fuerte crisis económica mexicana).
En su brillante análisis expone algunos de los recientes fenómenos políticos y económicos que pasan desapercibidos para la gran mayoría, pero cuyo impacto está sacudiendo los cimientos de la actual sociedad. Cito entre ellos el hecho que los grandes reservas de dinero son controlados ahora por las instituciones, especialmente el fondo de pensiones o de inversión, que dejan pequeña cualquier cantidad que pudiera tener el capitalista en el pasado y se convierten en las principales fuentes de capital. (Esto explicaría el vigoroso esfuerzo de las AFP por atraer nuevos socios). Y, como advierte el autor, ésta es una versión diferente del capitalismo, un capitalismo sin capitalistas, que no se adecua a ninguna teoría social conocida. Advierte que muchas de estas instituciones, por pensar en el corto plazo y que la auditoria de estas empresas permitiría a los fiduciarios (propietarios del capital) actuar como propietarios responsables.
Después de la segunda guerra mundial el Estado-nación se convirtió en le Estado-fiscal, todos han terminado creyendo que no hay límite económico a lo que se puede gravar o tomar prestado, en consecuencia no hay límite económico a lo que un gobierno puede gastar, al punto de llegar a pensar que los individuos sólo tienen derecho a lo que el gobierno gasta se convierte en el medio para que los políticos ganen votos. Los gastos del Estado han aumentado más rápido que nunca en el pasado, el gobierno no ha crecido, ha engordado”.
Otro importante proceso que el autor expone es el “globalismo”, que ha influido en el hecho que el dinero ha escapado del control de Estado-nación y se ha convertido en transnacional. El reciente esfuerzo de los bancos de Alemania y el Japón por reflotar el dólar, le darían la razón. Incluido la información, manejada celosamente por Mussolini, Hitler o Stalin, se ha vuelto también transnacional, la contaminación tampoco conoce fronteras, se ha extendido por todo el planeta.
Sostiene, mas adelante, que los efectos de la “Guerra Fría” afectaron a América Latina que, en lugar de Asia Oriental, hubiera sido sede del “milagro económico” de no ser por el dinero que se malgastó en construir enormes fuerzas armadas; habría podido añadir el autor que gran parte de estos países adoptó además un erróneo esquema socialista que alejó la inversión, “Una nación que gasta más de 2% o 2.5% de su producto bruto en tiempo de paz, no puede esperar siendo competitiva en la economía mundial mucho tiempo”.
En relación al actual y debatido tema de la desigualdad económica, Peter Druker destaca la ley del suizo-italiano Wilfredo Pareto (1915) “Cuanto más Productiva es una economía, mayor será la igualdad de la renta”. Una ley que ha sido ampliamente confirmada en los últimos decenios y la prueba más clara en el caso del Japón que, con el más igualitario. Una excelente receta para disminuir la desigualdad en la distribución de la renta, un factor que, sin embargo, no es tomado en cuenta en nuestro país, ni siquiera mencionado en las debates sobre este tema.
Volviendo sobre su tesis, el autor predice que una economía basada en el saber será bastante diferente de cualquier economía existente y que los únicos o principales productores de riqueza serán la información y el saber. Piensa que ingenieros, abogados doctores y ejecutivos, deben volver a la escuela cada cuatro años para no quedar rezagados, el puesto de trabajo será un lugar donde los adultos continuarán aprendiendo. “El saber no es algo impersonal, no reside en un libro ni en un banco de datos, el saber está encarnado en una persona. En la organización del futuro, (calcula como límite el año 2010 o 2020) no habrá subordinados sólo asociados”.
Aunque el título del libro, sugiere una visión del porvenir y la proximidad del nuevo milenio alienta la actividad de gurús, adivinos y analistas del porvenir, Peter Ducker, prudentemente, rehuye el compromiso de darle una forma más concreta a su proyecto de sociedad de futuro. Más allá de su magistral y conciso análisis del presente, el esquema de las condiciones en que el capitalismo dejará de ser un factor predominante es un concepto todavía brumoso, si tenemos en cuenta que el saber es caro y necesita cada vez más inversión y, por lo tanto, capital.
Su posición conservadora es comprensible, como veterano zorro de la dirección de empresas sabe que vaticinar el futuro es una tarea ingrata y difícil y lo reconoce: “Es aún arriesgado predecir, cómo será el mundo postcapitalista mismo”. Pero, al final se ratifica firmemente en su tesis: “Una cosa sí, es predecible: el máximo cambio será el cambio del saber”.

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